lunes 2 de junio de 2008

No se acabó el mundo

Puedes irte. Ya no me interesa
Si una vez te pedí que te quedaras,
Hoy ya no me importa.
No llores. Tu llanto no cambiará nada.

¿Por qué sigues allí, mirándome como si pudieras conseguir algo?
Por mi parte sufrí, pero no sufrí un final,
Pues el tiempo que estuve contigo fue una lenta agonía.
Y si nadie puede perder lo que nunca tubo, yo nunca te perdí.

Vete. Quédate con tus fantasmas y tus mentiras.
O mejor ódiame. Ódiame por siempre.
Prefiero que me odies hondamente,
A que me ames a medias.

Es hora de que comiences de cero.
Da media vuelta; olvida aquellos días en los que
Estuve siempre pendiente de que no tropezaras.

Mira a tu alrededor. Con tu partida
No se acabó el mundo.

sábado 31 de mayo de 2008

Vidagonía

Él ya no tiene nombre. Ahora Lleva lánguida mirada y lento caminar. Ahora se detiene de vez en vez para escuchar atento el trino de las aves entre las ruidosas calles de la urbe insoportable. Son ya tan largos sus años que bien pudo ser el padre de todos los ismos.
Los pliegues en su rostro cansado y la piel reseca, delatan el anhelo de un retorno repentino a la infancia. Finos cabellos de plata cubren sus ideas y un montón de recuerdos que regresan cada vez que mira a través de la ventana que da hacia la avenida. Siempre hay algo que ver desde aquella ventana.
Con dificultad inhala el oxigeno del aire capitalino. Helado. Gris. Ya no siente afán por su destino. Sentado en una mecedora pasa las tardes escuchando a Gardel en los acetatos que rueda en su vieja vi trola. La vieja casa en chapinero, conserva un olor a bogotazo con la vivida imagen que se tiene del presente mismo, como un retrato que respira.
Tangos, café y cigarros acompañan la vida de quien a comienzos de los 60`s se graduara con honores de la nacho en la tan respetada facultad de ciencias sociales. Sus amigos compañeros de lucha ya no están. Algunos cayeron durante su vida estudiantil. Otros fueron perseguidos y asesinados por grupos extraños que no entendieron ni respetaron sus ideas.
Y algunos otros viven en el exilio, si es que al exilio se le puede llamar vida. Todos ellos eruditos, héroes de las letras que intentaron desde los libros salvar la existencia de otros hombres de los que apenas sabían que estaban vivos. Publican sus obras y defienden sus ideas en otra parte porque aunque su país se jacta de ser democrático, no hay patria para quienes piensen diferente.
Es por ellos por quienes se enfrenta valeroso pluma en mano a la temida hoja en blanco. Para compartirles algo de su amargura y su soledad perpetua, y a veces algunos de sus poemas. El presente lo atormenta tanto que siente que no puede más. Esta harto de la vida y solo. Triste, resignado a vivir. Pena, dolor, agonía. Enclaustrado en su casa de espacios grandes, pisos de madera y el dilema del vacio que se llena solo con el eco de sus pasos.
Afuera la jungla se hizo inmensa. Calles, semáforos, vendedores, afán. Peatones, edificios, policías, ladrones y doctores, estudiantes. Vivimos revolcaos en un merengue como dijo Gardel. Sinónimo de temor, de caos. Sabe que no es su tiempo. Que el suyo ya pasó. Tan fugaz como un parpadeo. Un parpadeo lo trajo hasta hoy.
Y es precisamente con el cansancio de la vida; enfermo como nunca, que ha decidido despedirse de sus amigos, resignado a lo peor. Y que mejor que un tango melancólico para despedirse para siempre de todo su pasado...de toda su vida. Esta es su última vez lápiz en mano frente al blanco papel. Canta mientras escribe y llora por que sabe que está cerca su final.Amigos de siempre: no saben cuanto los he extrañado todos estos años. Aun conservo todos esos recuerdos de la juventud agitada y feliz de cuando fuimos estudiantes.Aquellas tertulias en el café de la esquina del centro comercial en donde Baudelaire, de Greiff, Neruda, Barba Jacob y Benedetti fueron pilares de nuestras discusiones y de nuestros afectos. Que tiempos aquellos.
Pero Amigos mis días se acaban. No me resta más que agradecerles todos estos años en los que me acompañaron desde la distancia y más por los años de sus vidas que gastaron junto a mí. Por esta razón mis palabras de despedida son la música y este tango que coreamos tantas veces. Solo les pido que si algún día regresan a esta hermosa tierra colombiana, visiten la tumba de este idealista embriagado de sueños, alimentado por tangos, café y cigarros que luchó por un futuro mejor para todos.


Adiós Muchachos

Adiós muchachos, compañeros de mi vida,Barra querida de aquellos tiempos.Me toca a mi hoy emprender la retirada,Debo alejarme de mi buena muchachada.Adiós muchachos. Ya me voy y me resigno...Contra el destino nadie la talla...Se terminaron para mí todas las farras,Mi cuerpo enfermo no resiste más...Acuden a mi menteRecuerdos de otros tiempos,De los bellos momentosQue antaño disfrute,Cerquita de mi madre,Santa viejita,Y de mi noviecitaQue tanto idolatre.Se acuerdan que era hermosa,Mas linda que una diosaY que, ebrio yo de amor,Le di mi corazón?Mas el señor, celosoDe sus encantos,Hundiéndome en el llanto,Me la llevo.Es dios el juez supremo.No hay quien se le resista.Ya estoy acostumbradoSu ley a respetar,Pues mi vida deshizoCon sus mandatosAl robarme a mi madreY a mi novia también.Dos lagrimas sincerasDerramo en mi partidaPor la barra queridaQue nunca me olvido.Y al darle, mis amigos,El adiós postrero,Les doy con toda mi alma,Mi bendición.Adiós muchachos, compañeros de mi vida,Barra querida de aquellos tiempos.Me toca a mi hoy emprender la retirada,Debo alejarme de mi buena muchachada.Adiós muchachos. Ya me voy y me resigno...Contra el destino nadie la talla...Se terminaron para mí todas las farras,Mi cuerpo enfermo no resiste más...
Esta fue la última carta que aquel anónimo bohemio escribiera a sus hermanos de lucha y de letras; Sabiendo que sus amigos ya no existían, tal vez anhelando el regreso de esos amigos que se fueron con la promesa de volver y que murieron hace tiempo en algún rincón de otra patria y a los que les siguió escribiendo para no perder su eterna amistad y su compañía después de muertos.

viernes 9 de mayo de 2008

Efectos y defectos

Escuché una voz desconocida desde el piso de arriba de mi casa. Era una voz gruesa que decía que necesitaba un a habitación en arriendo.
Inmediatamente me dirigí a ver de quien se trataba. Era un hombre alto, Delgado, de unos 50 años, usaba lentes y de un aspecto extraño.
Sin muchas preguntas, mi vieja decidió arrendarle el cuarto desocupado que fuera usado por mi hermano alguna vez.
Enterado el hombre de la decisión de mi madre, entro con un equipaje que no alcanzaría para quedarse ni siquiera en la casa de un amigo.
En ese momento me atacó la curiosidad. Entraba y salía varias veces en el día de la habitación contigua a la mía.
Un día en el que me encontraba leyendo sobre mi cama, pude ver a varios hombres, amigos de aquél sujeto tan particular, entrar en la pequeña habitación.
Con bastante sigilo me asome desde mi cuarto para poder ver de qué se trataba. Lo poco que pude ver antes de que cerraran la puerta, fuero unas cuantas velas encendidas en el suelo y lo que parecía una tela negra cubriendo las ventanas de la habitación. Supe que debía averiguar más al respecto.
Al día siguiente, esperé el momento oportuno para iniciar mi labor investigativa.
Observo al hombre salir de la habitación, bajar las escaleras con bastante prisa, se despide de mi madre y sale rápidamente. Acto seguido, me ingenio la manera de abrir la puerta que me separa de la verdad. Con un cuidado casi quirúrgico, logro quitar el seguro de la chapa. Tomo la chapa, abro la puerta y detrás de ella, todo un ritual. Velas, crucifijos botellas con líquidos extraños, la tela negra que cubre la ventana y un pequeño montículo de papeles en un rincón. Casi sin luz, sin poder ver, me dirijo hacia ellos. Se trata de la invitación a distintos lugares, al parecer, para la práctica de ritos satánicos. En ellos se especifica la hora y los elementos que deben ser llevados.

viernes 2 de mayo de 2008

Mal domingo.

Susurros de una voz llena de ira retumban en las paredes del pasillo que lleva al metro de la ciudad. Es tarde y necesita llegar a su destino. Deprisa, muy deprisa se dirige justo al lugar donde cada mañana debe esperar que su tranvía la recoja. Baja las escaleras, corre y corre. Pero el tren que debía tomar, ya pasó.

Son las 7:35am y su tren la dejó una vez más. Maldice y vocifera con fuerza. Patea las canecas del subterráneo sito que la mira con desdén. Sabe que no podrá mentirle de nuevo a su jefe. Que es demasiado y que no podrá inventar una historia absurda una vez más.

Suda, piensa, suda, piensa. Camina impaciente mientras busca los cigarrillos en su cartera. No hay cigarrillos. La noche anterior los fumó todos mientras terminaba aquel trabajo urgente que entregaría al otro dìa por la mañana. No lo puede creer. No podría estar peor.

Mientras va refunfuñando por el pasillo, se acercan dos hombres. Llena de pánico trata de huir, pero es demasiado tarde. Los hombres la abordan. Uno de ellos la toma por el brazo mientras el otro le enseña un gran cuchillo. Zapatos, cartera, aretes, anillos, reloj y su abrigo de piel nuevo. Ahora sus pertenencias viajan veloces en manos de dos desconocidos.

Sale rápidamente del túnel del metro para dar aviso a las autoridades, pero no hay nadie. Las calles desoladas de la ciudad le provocan un enfado aun peor. Maldice grita, maldice y grita. Decide caminar hasta su casa que queda a unas cuadras del metro, para poder dar aviso a las autoridades y a su jefe de la situación en que se encuentra.

¡Oh bendición de la tierra y karma de los desprotegidos! ha empezado a llover. -Qué suerte la mía, que desgracia. ¿Que estaré pagando?- grita mientras camina.
Por fin en casa. El anhelo de llegar a su casa es un hecho. Pero no puede entrar. Las llaves de su apartamento en el cuarto piso del edificio, se fueron en la cartera que le acaban de robar.

Tiene que contarle a su jefe que esta vez si pasó, que no pudo llegar a tiempo porque se cumplieron todas aquellas anécdotas que le había contado los días anteriores. Así que toma un taxi que la lleve hasta la compañía para la cual trabaja. Desde allí podrá hablar con la policía de lo que le ha ocurrido, pedirá prestado para pagar el taxi y podrá contarle a su jefe todo lo que pasó.

-No todo puede estar tan mal-piensa.Pero... -¿que pasa?- la compañia hoy está cerrada. Atónita mira las puertas de su única esperanza: cerradas. ¿ por que?¿por que a mi?maldice y patea la puerta del taxi en el que llegó, y al que no tiene como pagarle la carrera. Rompe en un llanto desquiciado, insoportable.

El conductor del taxi, en un aparente acto de solidaridad, ofrece llevarla de nuevo al sitio donde la recogio. La mujer desesperada sube al taxi. Mientras divaga su mente por todo lo que le pasó, siente la mano del conductor que se desliza por su pierna, como cuota inicial del pago de las dos carreras.

La mujer salta del carro en movimiento, Sufriendo varias heridas.
Casi sin fuerzas llega a la puerta de su casa de nuevo. La puerta esta abierta.
-Que bien.Olvidé poner seguro a la chapa y ahora podre entrar-.Pero el destino y su dia no terminaron todavia. Su apartamento habia sido asaltado.Nada. Absolutamente nada quedaba en su apartamento. Nisiquiera las cortinas.Solo un calendario colgaba detras dela puerta.

Se acercó para contemplar su única y última pertenencia. Caminó hasta la puerta, miró la fecha de aquel fatidico dia. Es domingo. -¿Es domingo?-Si. Es domingo. Dia de descanso, dia en que no tenia que ir a trabajar, ni madrugar, ni ir al metro, ni llegar temprano, ni inventar historias para no quedar mal. Es domingo. simplemente es domingo.