sábado, 31 de mayo de 2008

Vidagonía

Él ya no tiene nombre. Ahora Lleva lánguida mirada y lento caminar. Ahora se detiene de vez en vez para escuchar atento el trino de las aves entre las ruidosas calles de la urbe insoportable. Son ya tan largos sus años que bien pudo ser el padre de todos los ismos.
Los pliegues en su rostro cansado y la piel reseca, delatan el anhelo de un retorno repentino a la infancia. Finos cabellos de plata cubren sus ideas y un montón de recuerdos que regresan cada vez que mira a través de la ventana que da hacia la avenida. Siempre hay algo que ver desde aquella ventana.
Con dificultad inhala el oxigeno del aire capitalino. Helado. Gris. Ya no siente afán por su destino. Sentado en una mecedora pasa las tardes escuchando a Gardel en los acetatos que rueda en su vieja vi trola. La vieja casa en chapinero, conserva un olor a bogotazo con la vivida imagen que se tiene del presente mismo, como un retrato que respira.
Tangos, café y cigarros acompañan la vida de quien a comienzos de los 60`s se graduara con honores de la nacho en la tan respetada facultad de ciencias sociales. Sus amigos compañeros de lucha ya no están. Algunos cayeron durante su vida estudiantil. Otros fueron perseguidos y asesinados por grupos extraños que no entendieron ni respetaron sus ideas.
Y algunos otros viven en el exilio, si es que al exilio se le puede llamar vida. Todos ellos eruditos, héroes de las letras que intentaron desde los libros salvar la existencia de otros hombres de los que apenas sabían que estaban vivos. Publican sus obras y defienden sus ideas en otra parte porque aunque su país se jacta de ser democrático, no hay patria para quienes piensen diferente.
Es por ellos por quienes se enfrenta valeroso pluma en mano a la temida hoja en blanco. Para compartirles algo de su amargura y su soledad perpetua, y a veces algunos de sus poemas. El presente lo atormenta tanto que siente que no puede más. Esta harto de la vida y solo. Triste, resignado a vivir. Pena, dolor, agonía. Enclaustrado en su casa de espacios grandes, pisos de madera y el dilema del vacio que se llena solo con el eco de sus pasos.
Afuera la jungla se hizo inmensa. Calles, semáforos, vendedores, afán. Peatones, edificios, policías, ladrones y doctores, estudiantes. Vivimos revolcaos en un merengue como dijo Gardel. Sinónimo de temor, de caos. Sabe que no es su tiempo. Que el suyo ya pasó. Tan fugaz como un parpadeo. Un parpadeo lo trajo hasta hoy.
Y es precisamente con el cansancio de la vida; enfermo como nunca, que ha decidido despedirse de sus amigos, resignado a lo peor. Y que mejor que un tango melancólico para despedirse para siempre de todo su pasado...de toda su vida. Esta es su última vez lápiz en mano frente al blanco papel. Canta mientras escribe y llora por que sabe que está cerca su final.Amigos de siempre: no saben cuanto los he extrañado todos estos años. Aun conservo todos esos recuerdos de la juventud agitada y feliz de cuando fuimos estudiantes.Aquellas tertulias en el café de la esquina del centro comercial en donde Baudelaire, de Greiff, Neruda, Barba Jacob y Benedetti fueron pilares de nuestras discusiones y de nuestros afectos. Que tiempos aquellos.
Pero Amigos mis días se acaban. No me resta más que agradecerles todos estos años en los que me acompañaron desde la distancia y más por los años de sus vidas que gastaron junto a mí. Por esta razón mis palabras de despedida son la música y este tango que coreamos tantas veces. Solo les pido que si algún día regresan a esta hermosa tierra colombiana, visiten la tumba de este idealista embriagado de sueños, alimentado por tangos, café y cigarros que luchó por un futuro mejor para todos.


Adiós Muchachos

Adiós muchachos, compañeros de mi vida,Barra querida de aquellos tiempos.Me toca a mi hoy emprender la retirada,Debo alejarme de mi buena muchachada.Adiós muchachos. Ya me voy y me resigno...Contra el destino nadie la talla...Se terminaron para mí todas las farras,Mi cuerpo enfermo no resiste más...Acuden a mi menteRecuerdos de otros tiempos,De los bellos momentosQue antaño disfrute,Cerquita de mi madre,Santa viejita,Y de mi noviecitaQue tanto idolatre.Se acuerdan que era hermosa,Mas linda que una diosaY que, ebrio yo de amor,Le di mi corazón?Mas el señor, celosoDe sus encantos,Hundiéndome en el llanto,Me la llevo.Es dios el juez supremo.No hay quien se le resista.Ya estoy acostumbradoSu ley a respetar,Pues mi vida deshizoCon sus mandatosAl robarme a mi madreY a mi novia también.Dos lagrimas sincerasDerramo en mi partidaPor la barra queridaQue nunca me olvido.Y al darle, mis amigos,El adiós postrero,Les doy con toda mi alma,Mi bendición.Adiós muchachos, compañeros de mi vida,Barra querida de aquellos tiempos.Me toca a mi hoy emprender la retirada,Debo alejarme de mi buena muchachada.Adiós muchachos. Ya me voy y me resigno...Contra el destino nadie la talla...Se terminaron para mí todas las farras,Mi cuerpo enfermo no resiste más...
Esta fue la última carta que aquel anónimo bohemio escribiera a sus hermanos de lucha y de letras; Sabiendo que sus amigos ya no existían, tal vez anhelando el regreso de esos amigos que se fueron con la promesa de volver y que murieron hace tiempo en algún rincón de otra patria y a los que les siguió escribiendo para no perder su eterna amistad y su compañía después de muertos.

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