viernes, 2 de mayo de 2008

Mal domingo.

Susurros de una voz llena de ira retumban en las paredes del pasillo que lleva al metro de la ciudad. Es tarde y necesita llegar a su destino. Deprisa, muy deprisa se dirige justo al lugar donde cada mañana debe esperar que su tranvía la recoja. Baja las escaleras, corre y corre. Pero el tren que debía tomar, ya pasó.

Son las 7:35am y su tren la dejó una vez más. Maldice y vocifera con fuerza. Patea las canecas del subterráneo sito que la mira con desdén. Sabe que no podrá mentirle de nuevo a su jefe. Que es demasiado y que no podrá inventar una historia absurda una vez más.

Suda, piensa, suda, piensa. Camina impaciente mientras busca los cigarrillos en su cartera. No hay cigarrillos. La noche anterior los fumó todos mientras terminaba aquel trabajo urgente que entregaría al otro dìa por la mañana. No lo puede creer. No podría estar peor.

Mientras va refunfuñando por el pasillo, se acercan dos hombres. Llena de pánico trata de huir, pero es demasiado tarde. Los hombres la abordan. Uno de ellos la toma por el brazo mientras el otro le enseña un gran cuchillo. Zapatos, cartera, aretes, anillos, reloj y su abrigo de piel nuevo. Ahora sus pertenencias viajan veloces en manos de dos desconocidos.

Sale rápidamente del túnel del metro para dar aviso a las autoridades, pero no hay nadie. Las calles desoladas de la ciudad le provocan un enfado aun peor. Maldice grita, maldice y grita. Decide caminar hasta su casa que queda a unas cuadras del metro, para poder dar aviso a las autoridades y a su jefe de la situación en que se encuentra.

¡Oh bendición de la tierra y karma de los desprotegidos! ha empezado a llover. -Qué suerte la mía, que desgracia. ¿Que estaré pagando?- grita mientras camina.
Por fin en casa. El anhelo de llegar a su casa es un hecho. Pero no puede entrar. Las llaves de su apartamento en el cuarto piso del edificio, se fueron en la cartera que le acaban de robar.

Tiene que contarle a su jefe que esta vez si pasó, que no pudo llegar a tiempo porque se cumplieron todas aquellas anécdotas que le había contado los días anteriores. Así que toma un taxi que la lleve hasta la compañía para la cual trabaja. Desde allí podrá hablar con la policía de lo que le ha ocurrido, pedirá prestado para pagar el taxi y podrá contarle a su jefe todo lo que pasó.

-No todo puede estar tan mal-piensa.Pero... -¿que pasa?- la compañia hoy está cerrada. Atónita mira las puertas de su única esperanza: cerradas. ¿ por que?¿por que a mi?maldice y patea la puerta del taxi en el que llegó, y al que no tiene como pagarle la carrera. Rompe en un llanto desquiciado, insoportable.

El conductor del taxi, en un aparente acto de solidaridad, ofrece llevarla de nuevo al sitio donde la recogio. La mujer desesperada sube al taxi. Mientras divaga su mente por todo lo que le pasó, siente la mano del conductor que se desliza por su pierna, como cuota inicial del pago de las dos carreras.

La mujer salta del carro en movimiento, Sufriendo varias heridas.
Casi sin fuerzas llega a la puerta de su casa de nuevo. La puerta esta abierta.
-Que bien.Olvidé poner seguro a la chapa y ahora podre entrar-.Pero el destino y su dia no terminaron todavia. Su apartamento habia sido asaltado.Nada. Absolutamente nada quedaba en su apartamento. Nisiquiera las cortinas.Solo un calendario colgaba detras dela puerta.

Se acercó para contemplar su única y última pertenencia. Caminó hasta la puerta, miró la fecha de aquel fatidico dia. Es domingo. -¿Es domingo?-Si. Es domingo. Dia de descanso, dia en que no tenia que ir a trabajar, ni madrugar, ni ir al metro, ni llegar temprano, ni inventar historias para no quedar mal. Es domingo. simplemente es domingo.

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